jueves, 13 de diciembre de 2012

Lujuria criolla


*** En la época de la emancipación, la pasión de los venezolanos estaba a flor de piel. Las noches se gastaban entre sueños libertarios y conspiraciones, mezclados con unas sazonadas jornadas llenas de alcohol y sexo.

David Edesio González Rojas
@DavidEdesio

Siempre se ha escrito de los logros de nuestros próceres durante la gesta independentista venezolana, pero al ver a estos hombres como semidioses nos olvidamos que eran seres humanos con necesidades fisiológicas idénticas a las nuestras: (según Maslow) respirar, alimentarse, hidratarse, descansar, evitar el dolor, eliminar los desechos corporales y tener relaciones sexuales.
Es precisamente esa última necesidad humana que le da vida a este relato, ya que uno de los pasatiempos más comentados de alguno de nuestros próceres era precisamente “echar canas al aire”.
Hasta los hombres más respetados de la época y las mujeres más encopetadas tenían sus momentos de pasión y lujuria que despertaba los murmullos de toda la ciudad.
El ingenio azucarero del amor
La familia más respetada de la época y de la historia de este país es, sin duda, la que llevó el apellido Bolívar; no sólo por la presencia del Libertador, sino porque Juan Vicente (el padre de Simón) también fue un político prominente de la época y porque los Bolívar tenían muchísimo dinero y aún más poder político.
En San Mateo, Aragua, los Bolívar tenían un ingenio azucarero (hoy un museo) que no sólo servía para la producción de azúcar sino para que los mantuanos hicieran los mejores zaraos de la época, tertulias que iniciaban con joropo y finalizaban con dos cuerpos revolcándose en el catre, en el chinchorro o en el mismo monte.
En el Ingenio Bolívar, se engendró a Manuel Piar (aunque la historia diga lo contrario), lo que no se sabe a ciencia cierta es quién fue el padre, si Juan Vicente Bolívar o el Príncipe de Portugal.
Los Ribas, Anzoátegui, Aristeguieta, Bolívar y Soublette hicieron de las suyas en la hacienda de San Mateo y sus alrededores.
El Libertador de las féminas
Siguiendo con la tradición Bolívar, hemos de reconocer que el pequeño Simón José heredó de su padre el arte del cortejo y del buen gusto por las mujeres.
La lista de damas que desarreglaron las sábanas de Simón Bolívar es tan prolífica como las batallas libradas por él mismo.
La primera mujer del Libertador no fue su esposa y gran amor María Teresa Del Toro, sino una mexicana de cabellos rubios llamada “La güera” Rodríguez, quien vivió una apasionada aventura con un Simón de apenas 16 años.
María Teresa llegó después y logró amarrar al Libertador. Fue su única esposa y fue la mujer a la que verdaderamente amó Bolívar. “Si no hubiese enviudado, no hubiese sido Libertador” dijo una vez Simón.
La lista de las “liberadas” por Bolívar la integran mujeres de exuberante belleza Fanny Du Villars, Josefina Machado, Asunción Jiménez, Luisa Crobe, Isabel Soublette, Juana Pastrano, Bernardina Ibañez, Joaquina Garaicoa, Jeannete Hart, Anita Lenoit, Manolita Madroño, Delfina Guardiola, Benedicta Nadal, Julia Cabrera, Josefina Madrid, la Mariscala Francisca Gamarra, Javiera Moore y por supuesto Manuelita Sáenz.
Manuelita, la libertadora del libertador, fue la amante más conocida de Bolívar. La única de sus mujeres que lo siguió a todos sus viajes, lo cuidó de sus enfermedades y heridad y lo celaba despiadadamente de cualquier mujer.
El coleccionista de mujeres y de…
Otro destacado prócer de la República que vivió como un seductor irresistible fue el Generalísimo Francisco de Miranda. El venezolano universal, según dice la historia, era un galán de primera línea algo así como una mezcla de Sean Connery, George Clooney y Chris Hemsworth.
Pero nuestro personaje tenía un pequeño secreto, coleccionaba vellos púbicos de las mujeres con las que pasaba la noche. Se dice que Miranda llevó al clímax a más de mil mujeres durante su vida, destacando entre esas a la emperatriz Catalina II.
Es así como nuestros libertadores, grandes gestores de la independencia venezolana no pensaban sólo en cómo derrotar el yugo español, sino que se tomaban buenos ratos libres para liberar endorfinas a través del placer del sexo.

De aquellos zaraos, más de una dama terminaba en el catre juntando su cuerpo con
algún soldado de paso

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