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Oficialistas, opositores y comunistas se pusieron de acuerdo en 1945 para que
el Congreso eligiera a un candidato único, que a la hora de la chiquita “se
volvió loco”.
Arturo Úslar recibe una llamada telefónica de un número conocido, el de Diógenes Escalante.
-Sí, diga... –Preguntó Úslar.
-Doctor Úslar, tengo un problema muy grave, me han robado...
-¡Cómo que lo han robado Dr. Escalante!
-Sí, me han robado.
-¿Y qué le robaron?
-Los pañuelos.
-¿Cómo que le robaron los pañuelos? ¿Unos pañuelos nuevos?
-No, no, no, véngase por aquí, eran tres mil pañuelos que tenía en la
gaveta.
A Úslar Pietri le extrañó la respuesta e
inmediatamente llamó a Rafael Vegas, ministro de Educación y médico psiquiatra:
-Rafael, llégate donde Escalante y habla con
él. Está pasando algo raro.
Rafael Vegas va al Hotel Ávila y al regreso da
su diagnóstico definitivo y aterrador:
-Escalante está loco de bola.
El sol desaparecía en el
horizonte caraqueño, en el palacio presidencial el Jefe de Estado sentado a la
cabeza de la mesa de reuniones ordena a su edecán que se dirija al Hotel Ávila
a buscar a quien sería su sucesor, el hombre a quienes partidarios del gobierno
y de oposición habían aclamado para que tomara las riendas del país… dos horas
más tarde el enviado regresa a Miraflores con una terrible noticia: “Escalante ya
no puede ser presidente”.
Diógenes Escalante, diplomático por convicción
y político por aclamación, sería el protagonista principal de la transición que
haría Venezuela de la dictadura militar que tenía 45 años en el poder a la
democracia bipartidista que gobernó al país por cincuenta años, sin embargo,
una extraña enfermedad mental impidió su ascenso a la silla principal del
palacio de Miraflores.
Los sucesos de aquella noche del 2 de
septiembre de 1945 en el Hotel Ávila todavía son un misterio en la historia
venezolana, ya que hasta ahora nadie sabe qué, quién o cómo se desencadenó la
“locura” de Escalante, quien fue encontrado en la habitación del hotel por su
secretario, Ramón J. Velásquez, diciendo frases incoherentes y con la mirada
perdida.
Escalante tal vez no supo cómo vivir
con la presión de ser aclamado por todos los sectores políticos del país
(militares, adecos y comunistas) o quizás – y como siempre acusó su familia –
existió una teoría de la conspiración.
¿Bien
con todos?
Escalante fue un marcado demócrata, a
pesar de haber participado en los gobiernos dictatoriales de Cipriano Castro,
Juan Vicente Gómez, Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita; tuvo
ideas revolucionarias que llamaron a atención de los disidentes comunistas y
adecos, quienes llegaron a reunirse clandestinamente con Escalante en Estados
Unidos.
Diógenes siempre desmintió las
tertulias con los comunistas debido a que su gran amigo, el presidente
estadounidense Harry Truman, era un político de marcado rechazo al comunismo; no
obstante, el encuentro con Rómulo Betancourt, Raúl Leoni y Gonzalo Barrios sí
fue un hecho público y notorio.
No se sabe si Escalante realmente
estaba “encompinchado” con adecos, comunistas y medinistas al mismo tiempo,
pero el hecho de que el Partido Democrático Venezolano (PDV – Medina Angarita)
y Acción Democrática apoyaran a un mismo candidato a la presidencia era algo
sin precedentes, y que una vez fuese retirado Escalante como candidato se
efectuó el golpe de Estado que derrocó a Medina, también abre muchas
interrogantes sobre su locura.
Teoría
de la conspiración
No queda la menor duda de que el
insurgente gremio de Acción Democrática fue el artífice del Golpe de Estado que
le asestaron a la progresiva (aunque dictatorial) Venezuela de Medina Angarita,
pero lo que no está claro es si también los adecos propiciaron la locura de
Diógenes Escalante.
Los políticos socialdemócratas,
liderados por Rómulo Betancourt, junto a un grupo de militares de alto rango
(Delgado Chalbaud, Pérez Jiménez, etc.) tomaron el control de las riendas
políticas del país, mientras que Escalante “disfrutaba” de su locura en Estados
Unidos, donde luego desaparecía del panorama político nacional.
La locura de Escalante desató un debate
interminable entre los historiadores de este país. ¿Realmente llegó a volverse
loco el candidato unitario? Algunos sostienen fielmente esta hipótesis, otros
por el contrario creen que el mismo Escalante inventó la enfermedad para huir
de la gran responsabilidad de dirigir a adecos, comunistas y medinistas por
igual. Tampoco se descartó la idea de que la locura del político haya sido
inducida por algún experimento psicotrópico de los distintos sectores políticos
que aparentaban apoyar al futuro Presidente, no obstante, la verdad quedará
oculta debajo de los epitafios donde yace inerte el primer gran candidato de la
unidad venezolana.

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