jueves, 29 de noviembre de 2012

La épica del Negro Primero


*** Pedro Camejo dejó su vida por la patria en la Batalla de Carabobo, aquel 24 de junio de 1821. El comienzo del final de la guerra independentista venezolana.


David Edesio González Rojas
@DavidEdesio

Suenan vientos de guerra, el toque de diana y el retumbe de los tambores inundan los oídos de la avanzada patriota que se aproxima al campo de Carabobo. De los 6500 patriotas presentes en la contienda sólo 2500 pertenecen al primer batallón; delante de todos ellos Pedro Camejo.

Esa fracción del ejército libertario fue más que suficiente para acabar, en menos de una hora, con los 4500 españoles que hacían resistencia.

En el parte de la Batalla de Carabobo puede leerse, de puño y letra de Simón Bolívar: “el bizarro general Páez a la cabeza de los dos batallones de su división y del regimiento de caballería, marchó con tal intrepidez sobre la derecha del enemigo que en media hora todo él fue envuelto y cortado. Nada hará jamás bastante honor al valor de estas tropas”. Uno de esos valientes guerreros fue el Negro Primero.

Fiel compañero del general José Antonio Páez, Camejo era un excelso soldado. Nadie le quitaba el puesto en la primera línea de batalla, por eso lo apodaron el Negro Primero.

Hábil jinete, sagaz con la lanza, impetuoso en la batalla, el Negro Primero es uno de los pocos hombres que después de vivir como esclavo tuvo un papel sobresaliente dentro de la independencia venezolana.

El bravo soldado estuvo bajo el mando de José Tomás Boves y su causa realista, pero después de la muerte del caudillo de los llanos, se unió al incipiente ejército de Páez y sus lanceros.

¡Vuelvan Caras, Carajo!

Antes de la proeza en Carabobo, Camejo y Páez ya habían estado juntos en batalla. La más representativa de ellas fue Las Queseras del Medio, donde se llevó a cabo la estrategia militar del “vuelvan caras” que permitió al ejército patriota vencer sin dificultad a las tropas realistas lideradas por el General Morillo.

En Las Queseras del Medio, estado Apure, el ejercito patriota estaba en una gran desventaja numérica (tres mil soldados, mientras que los realistas eran más de seis mil) y los generales Páez y Bolívar necesitaban separar a los contrarios en grupos para poder atacarlos de manera más efectiva.

Así el caudillo llanero reunió a sus mejores 150 soldados, dentro de los que estaba Camejo, para servir como señuelo.

La estrategia “vuelvan caras” consistía en atacar al enemigo con una pequeña tropa, hacer que ellos avanzaran, emprender la retirada y volver a atacarlos una vez los hayan separados. Con esa planificación, el Teniente Camejo se aventuró en su caballo sobre el río Arauca, de frente a los realistas, que atacaron con 800 hombres.

Una vez emprendida la retirada y con la infantería española dividida, se dió la orden “¡Vuelvan Carajo!” y así empezó el ataque certero y mortal de los venezolanos.

La leyenda de su muerte

Recién iniciado el combate de Carabobo, Pedro Camejo salió raudo cabalgando hacia el enemigo, sólo unos minutos después regresa al lado de Páez quien al verlo bañado en sangre le pregunta:
-        ¡Pedro! ¿tienes miedo de estos españoles?
El negro sin vacilar se desgarra su camisa de guerra y muestra las heridas diciéndoles
-        No, mi General, vine a decirle adiós... porque estoy muerto
Después de eso no se volvió a ver al Negro Primero. El cronista de Tocuyito, Rubén Racamode, escribe en su libro “Tocuyito: historia, leyenda y tradición” que los restos de Pedro Camejo yacen debajo de la iglesia de Tocuyito, ya que el mismo General Páez habría ordenado enterrar el cuerpo de su pupilo en el camposanto más cercano del lugar de la muerte.

El papel de los esclavos

Muchos esclavos liberados, como Pedro Camejo, participaron en las batallas de la independencia. Algunos de ellos se unieron al ejército de José Tomás Boves, otros lo hicieron al mando de Páez. A pesar de que muchos lucharon por la causa patriota, nunca quisieron pelear bajo el mando de Bolívar ni de Mariño, sólo junto al “Centauro de los Llanos”. 

Homenaje que vale 5 bolívares

Para contradecir el dicho de que Negro Primero es uno de los próceres olvidados de la independencia, el Banco Central de Venezuela diseñó el nuevo billete de cinco bolívares con la imagen del guerrero.


La independencia se trazó con escuadra y compás


*** Generales, capitanes, comandantes y hasta religiosos que participaron en la etapa de la emancipación venezolana pertenecían a una hermandad milenaria: la masonería.

David Edesio González
@DavidEdesio

Hermandad, cofradía, congregación, secta o como quieran llamarlo, la masonería estuvo muy presente en el proceso independentista de las naciones americanas. Los grandes hombres, creadores de patria, también seguían los parámetros del Gran Arquitecto del Universo.

Los ejemplos más destacados de la presencia masónica en la América patriota son Estados Unidos y Venezuela, cuyos próceres estuvieron bajo la influencia francesa, epicentro del movimiento masónico del siglo XVIII y XIX.

En el país norteamericano abundan las historias sobre la construcción de la ciudad de Washington DC bajo preceptos masónicos y la presencia de símbolos de esta cofradía en el billete de un dólar como “el ojo que todo lo ve” sobre la pirámide en el reverso del papel moneda junto a la frase “Nuevo Orden Secular”.

En Venezuela, estas historias no son tan evidentes, sin embargo, la cantidad de masones presentes en el movimiento independentista criollo es tan importante como en Estados Unidos.

Pero hubo un grupo significativo de estos “hermanos” que dejaron a un lado las armas, necesarias para la vencer en las batallas, para dedicarse a pensar en un fin mayor: La Patria. Esos hombres fueron los verdaderos próceres de nuestra independencia. Los masones “intelectuales” de la emancipación venezolana.
Dentro de esta categorización encontraremos algunos combatientes, escritores, pensadores, poetas y hasta clérigos.

La lista de próceres que obraron la libertad venezolana desde el piso blanco y negro de las logias masónicas incluye a hombres como Francisco de Miranda, José María España, Pedro Gual, el sacerdote José Cortés de Madariaga, Juan Germán Roscio, José María Vargas y Diego Bautista Urbaneja.

Gual y España se dieron a conocer en la historia venezolana por una conspiración (lastimosamente fallida) para derrotar al gobierno español que dominaba en el país, y aunque no se conoce a cuál logia masónica pertenecieron, ellos mismos reconocieron en su momento la práctica de rituales masónicos.

Francisco de Miranda se conoció como el gran padre de la masonería en América Latina. Se inició en el ritual escocés en Filadelfia (Estados Unidos) y luego pasó por varias logias en Francia, España y posteriormente Venezuela. 

José Cortés de Madariaga, el famoso cura de activa participación en el referéndum del 19 de abril de 1810, chileno de nacimiento y venezolano de corazón, también es reconocido en la página de la Gran Logia Unida de Venezuela como parte de su cofradía.

Juan Germán Roscio fue alumno masónico de Madariaga y Miranda y uno de los pocos próceres venezolanos que se iniciaron en logias caraqueñas, ya que la mayoría de los estudiosos del Gran Arquitecto comenzaron sus andanzas en esta sociedad “secreta” en Estados Unidos o Europa.

José María Vargas fue el “venezolano ejemplar”, médico, filósofo, teósofo, políglota. Llegó a ser Presidente de la Republica y se caracterizó por ser un ferviente servidor de la patria. El Congreso Nacional le dio el título de Magnánimo. Uno de los masones más ejemplares de la historia criolla.

Diego Bautista Urbaneja, el último de nuestra lista de intelectuales masónicos que participaron en la independencia venezolana, fue tal vez el prócer más activo en lo que a masonería se refiere. Logró un alto grado dentro de la cofradía filosófica y fue fundador de la Gran Logia de Caracas y de Colombia.

Estos hombres, fueron las mentes maestras detrás de aquella revolución que llevó a Venezuela a su ansiada libertad. Hombres que no reciben el tratamiento que merecen en nuestros libros de historia, en los que predominan los nombres de Simón Bolívar, Antonio José de Sucre y José Antonio Páez.


lunes, 26 de noviembre de 2012

El pardo real




*** Hay muchísimas cosas que escribir sobre Manuel Carlos Piar, su gesta libertadora en Guayana, su destreza inmaculada para labores de marinero, su capacidad como estratega militar, pero lo que nos atañe hoy es parte de su vida personal, de cómo este supuesto “pardo” nacido en Curazao pudo haber llevado en sus venas sangre real europea o aristocrática de Venezuela.

David Edesio González Rojas
@DavidEdesio

“Estoy derramando mi propia sangre”... esa frase salió de los labios de Simón Bolívar con la misma rapidez que las balas fueron eyectadas de los fusiles que le daban muerte a Manuel Carlos Piar. ¿Era Manuel Carlos Piar hermano bastardo de Simón Bolívar?

La tradición de nuestro país reza que Piar fue hijo de un marino mercante llamado Fernando Piar Lottyn y de una parda curazoleña de nombre María Isabel, sin embargo, esa historia sólo fue un parapeto para tapar una “bomba” noticiosa en la comunidad criolla o incluso en el mundo internacional.

Existen por lo menos tres versiones (con bases históricas serias y bien fundamentadas) que revelan los posibles “candidatos” a ser el verdadero padre del Libertador de Guayana. En los tres casos, la madre de Piar no es la “parda” María Isabel Gómez de Curazao, sino la “musa caraqueña” Belén Jerez de Aristiguieta, mantuana de alta alcurnia.

Estudiemos un poco a los posibles padres, conocidos amantes de la “musa” Aristiguieta

·        *  Marcos Ribas y Bethencourt: De este distinguido político venezolano, padre del prócer de la patria José Félix Ribas, se conoce poco, sólo que fue presidente del ayuntamiento de Caracas por varios años y protagonista de las noches de juerga en la capital, tertulias que terminaban en apasionadas veladas con la “musa” Aristiguieta.

·          * Juan Vicente Bolívar y Ponte: Sí, el mismísimo padre del “Libertador Supremo” de Venezuela Simón Bolívar, pudo haber tenido un hijo bastardo con Belén Jerez en uno de sus múltiples “encuentros secretos” en el Ingenio Azucarero que poseía la familia Bolívar en San Mateo. Era harto conocido que Juan Vicente era un mujeriego empedernido, conducta heredada por su cuarto retoño Simón José.

·         *  Príncipe José Francisco de Braganza de Portugal: Nada más y nada menos que el heredero de la corona de Portugal, hijo de los reyes Pedro III y María I. El rocambolesco personaje visitó Venezuela en varias oportunidades debido a una estrecha relación que lo unía con Juan Vicente Bolívar. En una de esas “pasadas” por el país conoció a Belén, de quien quedó ferozmente enamorado.

Uno de estos tres hombres fecundó a la Musa caraqueña que dio a luz a Manuel Carlos en el convento de las Monjas Concepciones en Caracas, donde fue llevada por sus padres para no sufrir la vergüenza de que una mujer saliera encinta sin haberse casado. Una vez dado el alumbramiento, el bebé fue dado en adopción a un marino mercante llamado Fernando Piar Lottyn.

La versión que cobra más fuerza es la del Príncipe de Braganza, no sólo porque fenotípicamente Piar tenía todos los indicios de ser europeo puro, ojos verdes intensos y tez excesivamente blanca, cosa que desmiente aquella información que asegura que era hijo de una parda.

Además, el libertador de Guayana, tuvo una manutención digna de reyes. Aprendió varios idiomas y vestía las mejores prendas, debido a que el Príncipe de Braganza, enviaba ofrendas a los padres adoptivos del pequeño Manuel Carlos.

Un Piar pardo era uno más del montón, pero un Piar con linaje real estaba llamado a ser el más grande general de una Venezuela dominada por una cofradía de mantuanos que rechazaban a los “no blancos”. Por eso, el gran celo de Simón Bolívar por Piar, porque sabía que era un hombre de casta.

El fusilamiento de Piar, según Bolívar y Carlos Soublette, era por deserción y sedición. “Piar es el comandante de un ejército alterno, plagados de pardos y negros que desobedecen las órdenes de nuestro Jefe Supremo, Simón Bolívar” aseguraba Soublette.

“Resulta de todo que Manuel Piar ha conspirado contra la sociedad y contra el gobierno, lo ha desobedecido, ha desertado y hecho armas contra los subalternos del Jefe Supremo. Por todo lo cual concluyo por la República a que sea condenado a sufrir la pena de ser ahorcado, señalada por las Ordenanzas del Ejército en el artículo veintiséis, tratado octavo, título décimo”
Todos los presentes en la asamblea celebrada en Ciudad Bolívar votaron a favor de la muerte de Manuel Carlos Piar, no sólo porque respaldaban al autoproclamado Jefe Supremo y Máximo Dictador de la República, Simón Bolívar, sino porque veían que la unión de Piar con Santiago Mariño era un peligro para el centralismo que ellos habían instaurado, ya que estos, en el Congreso de Cariaco Mariño había manifestado que Oriente y Guayana, como ya habían sido liberadas 100% del dominio español debían ser independientes del poder de Caracas, que seguía ocupada por los conquistadores o lo que era peor, gobernada por una élite mantuana.

Al final, pasó lo que tenía que pasar, Manuel Carlos Piar murió fusilado en Ciudad Bolívar aquel 16 de octubre de 1817, el mismo año en que libró a Guayana del dominio español en aquella perfecta Batalla de San Félix.

Tal fusilamiento, de acuerdo a lo comentado en este texto, no fue más que un asesinato premeditado por Simón Bolívar en contra de aquel hombre que por mérito y por preparación pudo haberle robado el liderazgo de la patria e incluso pudo haber sido su hermano.

Finalizo recordando un extracto de la “Canción Bolivariana” de Alí Primera, que parece amoldarse perfectamente a este pergamino histórico que no tiene fin y que nunca será estudiado por la clase estudiantil del país: “Grandioso Capitán navegando hacia Angostura, con la cara mojada por el padre río… jamás, en la historia de la patria, hubo tantos borrones sobre un papel escrito, ni el amor por el pueblo llevado a tanta altura”.

Esa canción, hecha para Simón Bolívar, debiera dedicársela a Piar, quien fue amo y señor del padre Orinoco y que su historia está escrita sobre un pergamino con muchísimos borrones.

#NoSeOlvidenDeSonreír

PD: Si en la época emancipadora hubiesen mandado los Piar, Mariño y sobre todo Miranda, en lugar de los Bolívar, nuestro presente, estoy seguro, hubiese sido distinto.


Foto: Piar fue el único pardo de tez blanca y ojos verdes.

martes, 20 de noviembre de 2012

Los 500 de Nueva Esparta


*** En una conversación con mis alumnos de Técnicas Gráficas 3 surgió el tema de la Historia de Venezuela y de Luisa Cáceres de Arismendi, por lo que me robé unos minutos de la clase para contarles sobre una batalla muy particular que se llevó a cabo en tierras margariteñas.

David Edesio González
@DavidEdesio


“Si no tengo patria para qué quiero esposa”  frase que inmortalizó a Juan Bautista Arismendi, el general que defendió con su vida la Isla Margarita, el principal puente de entrada de los españoles a Venezuela.

 En 1815, un año “tranquilo” en la historia bélica de la independencia venezolana, el general español Pablo Morillo invadió a Venezuela (entrando por Margarita) con 15 mil hombres.  13 mil siguieron hacia tierra firme y el resto permaneció en la “Perla del Caribe” con el fin de exterminar las últimas fuerzas patriotas, comandadas por Arismendi.

El ejército margariteño no estaba instruido militarmente para combatir a los soldados españoles. Quinientos hombres, en su mayoría pescadores, eran la única defensa de Margarita, pero esos 500 de Nueva Esparta son la versión criolla de los 300 de Esparta comandados por el feroz Leónidas.

Pablo Morillo “el pacificador” desembarcó en Margarita con la intención de reducir las fuerzas patriotas, pero lo que se encontró fue sorprendente. Juan Bautista Arismendi, un fervoroso defensor de la patria se arrodilló a sus pies y le juró que tanto él como sus hombres servirían a la corona española, pero que les perdonara la vida a ellos y a los habitantes de Margarita.

Morillo aceptó la oferta del general Arismendi, pero no se dio cuenta que al patriota no le importaba menoscabar su propio honor por un fin último: La Patria.

La “sumisión” de Arismendi fue una estratagema para, silenciosamente, atacar a los 2mil soldados realistas y diezmar sus tropas antes de un combate a campo abierto, donde la derrota era segura.

La estrategia funcionó. Los realistas fueron cayendo uno a uno hasta verse reducidos hasta la mitad, mientras que los 500 de Nueva Esparta tuvieron muy pocas pérdidas humanas.

Morillo no pasó por alto esta estrategia y en una carta dirigida a las tropas de tierra firme describió lo sucedido:

“Pasaban de 500 rebeldes de la canalla más atroz y desalmada de la isla, los que defendían, hombres feroces y crueles, famosos y nombrados entre los piratas de las flecheras, el terror de las costas de Venezuela, y facinerosos, que cada uno contaba muchos asesinatos y estaba acostumbrado a mirar la vida y la existencia con mayor desprecio. Estos malvados llenos de rabia y de orgullo, con su primer ventaja en la defensa, parecía cada uno de ellos un tigre, y se presentaban al fuego y las bayonetas con una animosidad de que no hay ejemplo en las mejores tropas del mundo”

Al final, esos 500 de Nueva Esparta en la batalla de Juangriego el 17 de agosto de 1815, se convirtieron en sólo 50 y fueron derrotados en la Laguna de los Mártires por las fuerzas realistas, así como los 300 de Esparta perecieron en Las Termopilas bajo el yugo del imperio persa, batallando ferozmente por un fin supremo: La Patria.

La batalla de Juangriego fue una de las más disparejas en la historia de nuestro país, pero la leyenda cuenta que nunca los españoles estuvieron tan atemorizados como aquella vez en la que los espartanos criollos salieron al campo de batalla a defender a su “Perla del Caribe Mar”.




sábado, 17 de noviembre de 2012

La traición de Bolívar


*** Advertencia: Si usted es susceptible a comentarios contrarios a los que aparecen en nuestros libros de historia con respecto a Simón Bolívar,  entonces está a tiempo de hacer clic en la equis (x) roja de la parte superior derecha de su pantalla, si en cambio su curiosidad le permite aceptar el breve análisis acerca de un Libertador humano, entonces bienvenido.

Durante nuestro período de educación básica nos muestran a Simón Bolívar como el más grande de los héroes de la patria, el único libertador, el mesías del trópico, pero ¿realmente ha existido en la historia de la humanidad algún ser tan perfecto?
No ha existido un ser tan perfecto como ese Bolívar que quieren mostrarnos en nuestros textos escolares, y lo irónico es que el libertador tal vez fue uno de los más imperfectos próceres de nuestra patria. La idea no es vilipendiar a este personaje realmente importantísimo en nuestro legado independentista, sino llevarlo a su sitial en la tierra, como un humano que se equivocó millones de veces y no como un Dios del Olimpo, mano derecha de Zeus y amante de Afrodita.
Quisiera referirme a una situación particular en la que Bolívar dejó al descubierto sus ansias de poder, su corroída mentalidad mantuana y maquiavélica, suceso del que salió muy bien parado a costa del hundimiento de la misma persona que vio en él dotes de líder y recomendó su ascenso (en ese momento) a Coronel: Francisco de Miranda.
Miranda, en la capitulación de 1812 que significó la caída de la Primera República, se vio obligado a entregar el poder a los realistas para reorganizar las fuerzas patriotas y evitar más derrotas que no sólo causaban mella en la reserva de guerreros sino en la moral de los soldados y del pueblo.
Según fragmentos de la Capitulación, Miranda siempre le dejó claro a Domingo Monteverde (general realista que se convirtió en Capitán General de Venezuela) que el requisito fundamental para la capitulación era un salvoconducto para todos los habitantes de Venezuela, adheridos a la causa patriota o no.


Tercera.-No podrán ser aprehendidos, juzgados ni sentenciados a ninguna pena corporal ni pecuniaria, las personas que se crea o juzgue que han promovido y seguido la causa de Caracas en estas provincias, de cualquier clase, estado o condición que sean; estas personas quedarán en libertad para permanecer o salir del país y disponer de sus bienes en el término de tres meses.
Respuesta.-Las personas y bienes que se hallen en el territorio no reconquistado serán salvas y resguardadas; dichas personas no serán presas ni juzgadas, como tampoco extorsionados los enunciados sus bienes, por las opiniones que han seguido hasta ahora, y se darán los pasaportes para que salgan de dicho territorio los que quieran, en el término que se señala.
Cuarta.-Serán puestos inmediatamente en libertad los prisioneros hechos por una y otra parte, y ninguno de los comprendidos en este y en el anterior artículo podrá ser perseguido molestado por sus opiniones políticas.
Respuesta.-Serán puestos en libertad los prisioneros de una y otra parte con la reserva del anterior artículo.
Quinta.-Los extranjeros residentes en este país serán comprendidos en los artículos anteriores.
Respuesta.-Los extranjeros gozarán la condonación expresada, pero su residencia será a discreción del gobierno.


Sin embargo, el impetuoso Bolívar no comprendió que Venezuela no estaba preparada militarmente para derrotar a las fuerzas realistas (como se demostró en 1814 con la caída de la Segunda República) y él mismo ordenó poner a Miranda en prisión bajo el cargo de “Traidor”.
En 1821, Bolívar, en la única vez que escribió abiertamente sobre Miranda, aseguró que luego de la capitulación su intención fue “fusilar a Miranda” pero que sus compañeros “no se atrevieron a castigar al traidor”.
Todavía no queda claro por qué Bolívar sintió ese odio tan vehemente por Miranda, a quien logró encarcelar y exiliar, para que cuatro años más tarde muriera en el Arsenal La Carraca de Cádiz, pero podría ser porque El Precursor era el único obstáculo real para que ese incipiente Simón tomara el liderazgo de la lucha armada y política en el país.
Miranda murió exiliado, como un traidor a la patria, sin conocer a la Venezuela libre que soñó. Muchos años después realmente fue reconocido como el Precursor de la independencia, como el “Venezolano Universal”, mientras que Bolívar, agonizó en Santa Marta siendo “el sol de Colombia” y fue reconocido como el Libertador de América desde primer momento.


Después de esta historia todavía me pregunto ¿quién traicionó a quién?... 

@DavidEdesio

#NoSeOlvidenDeSonreír



miércoles, 14 de noviembre de 2012

Boves: Heraldo Negro de la Independencia


Fue difícil no escribir de Boves en mi primer texto de este blog, no sólo porque es algo así como “mi personaje favorito” de la historia venezolana, sino porque no hay una figura en la que me vea mejor reflejado que en el caudillo llanero. Visceral, entregado, intenso,  soberbio, irónico y sincero. Lo único que me separa de Boves es la época en la que vivimos, es decir, hoy por hoy yo sería José Tomás Boves.

David Edesio González Rojas

” ¡Viva Venezuela, carajo!” Sí, aunque suena irónico, esa frase fue usada decenas de veces por el enemigo principal de las fuerzas patriotas.

José Tomás Boves era un hombre que no luchaba por causas mayores a lo que él mismo podía controlar. Su misión no era ser Libertador ni Opresor, su sed se saciaba fácilmente con la sangre que manaban de las heridas de sus adversarios, con las súplicas de piedad de sus prisioneros de guerra, su meta fue ser el mejor guerrero de las batallas independentistas, sin importar de qué lado estaba.

Podría pasar toda la vida escribiendo las peripecias de José Tomás Boves, pero como no todo el mundo tiene el tiempo para detenerse a leer su asombrosa vida, voy a concentrarme en ciertas anécdotas que lo hicieron el más grande y temido villano de nuestra historia, comparado con Atila, Hitler y los grandes “muchachos malos” de la historia.

Cierta vez, en una toma de rehenes, Boves en apresó a un padre y su hijo. El muchacho, valiente, le dijo al caudillo que haría “lo que fuera” para salvar a su padre y Boves le contestó:
-          Si te corto las dos orejas sin que emitas ningún sonido, liberaré a tu padre y a ti.
El muchacho aceptó el reto y logró la hazaña. Recibió dos machetazos en sendas orejas sin chistar, ante la mirada horrorizada de su padre y el silencio compasivo de todos los que veían aquella atrocidad.
El “Taita” Boves dio media vuelta y montó su caballo, pero antes, ordenó que mataran a todos los rehenes. Sus soldados, extrañados le preguntaron que por qué, si el muchacho había pasado la prueba y el caudillo les dijo:
-          Por eso mismo, porque demostró una valentía que mañana se convertirá en venganza y nos devorará…

José Tomas Boves fue llamado de muchas maneras “el león de los llanos”, “la bestia a caballo” y “el taita”, pero además de sus apodos, el “Urogallo” era motivo de comentarios de varios patriotas de la época que temblaban al sólo escuchar su nombre.

Simón Bolívar, por ejemplo, escribió en una de sus cartas: “Boves es un hombre cruel que no parece haber sido amamantado con leche de mujer, sino con la de los tigres y las furias del infierno”.
Y es que Bolívar tenía razones múltiples para temerle al Taita, porque en cada enfrentamiento bélico, Boves lo venció abiertamente y además logró que el Libertador y una comitiva de 20mil caraqueños huyeran de la capital hacia Barcelona y Cumaná en la “Emigración a Oriente”.

Finalizo este escrito con dos citas que me han gustado mucho sobre la vida de Boves. La primera es de un autor desconocido por mí, pero la he leído en reiteradas ocasiones y todas las veces me imagino al pelirrojo y barbudo comandante montado en su caballo rucio cabalgando sobre una nube de sombras, heraldo negro de la independencia.

“Al frente de su legión infernal, Boves, bajo el cobijo de una bandera negra, corta el hilo de la vida, echando a volar sobre los cielos del llano los cuervos negros de la infamia, permanentemente inflamados por el no menor rencor de la venganza”.

La otra cita fue fatídica para Boves. La dijo Pedro Zaraza el 15 de diciembre de 1814, justo antes de, lanza en mano, darle muerte al mayor de los caudillos anti-patriotas de la historia de Venezuela:
“Hoy se rompe la Zaraza o se acaba de Bobera (bovera)”.

@DavidEdesio

#NoSeOlvidenDeSonreír 

martes, 13 de noviembre de 2012

El Magnicidio de Chalbaud

Una fecha muy propicia para regresar al mundo de la historia de Venezuela es este 13 de noviembre, fecha en la que un grupo de "descamisados" secuestró y mató al Presidente Carlos Delgado Chalbaud. 


"Ahora sí la cagamos, mi General"... Lapidaria la frase que soltó, aún sobresaltado, Pedro Antonio Díaz.
Esa noche de su revólver habían salido sólo dos de los nueve proyectiles que ocupaban las rendijas del tambor de su calibre 38. Una de las balas, por error fue a parar al tobillo de su "jefe" el General Rafael Simón Urbina, hiriéndolo sin gravedad aparente. El otro proyectil impactó el pecho de nada más y nada menos que Carlos Delgado Chalbaud, presidente de la Junta Militar de Gobierno y por ende, máxima autoridad política de la Venezuela de 1950.

En la mañana del 13 de noviembre, Delgado pone rumbo a su despacho en Miraflores escoltado sólo por la "mosca presidencial" (un motorizado) cuando es interceptado por un vehículo del que bajan 5 hombres. Una de las caras es harta reconocida por el Presidente, se trata del General Rafael Simón Urbina, a quien el mismo Delgado Chalbaud había permitido regresar al país después de haber sido exiliado por Rómulo Gallegos y los adecos.

- "Considérese muerto Delgado... Ya usted no será más Presidente... todo lo que tenga que decir dígaselo al General Marcos Pérez Jiménez" le sóltó Urbina al secuestrado, quien no dudó en responderle

- "Usted se la da de valiente, Urbina, pero no tiene cojones para entenderse hombre a hombre conmigo... ¡Cobarde!".

Realmente, Rafael Simón no tuvo bolas para entenderse con Delgado, sobre todo porque sabía que si forcejeaba con el Presidente, alguien iba a morir y la idea no era matar a Delgado, sino secuestrarlo para dejar un vacío en el poder para que Marcos Pérez Jiménez, autor intelectual de todo este zafarrancho, pudiese tomar la presidencia.

Cuando llevan a Delgado al sitio donde lo van a mantener recluido, los hombres bajan del carro y suena un disparo. El blanco del impacto fue el tobillo de Rafael Simón Urbina, quien preocupado y dolorido veía como humeaba el revólver de uno de sus hombres, Pedro Antonio Díaz, a quien se le había escapado un tiro.

Urbina, quejumbroso se dejó caer en las escaleras y ordenó a su comitiva a que se llevara a Delgado al sitio de reclusión. El Presidente era escoltado entonces por el hermano de Rafael Simón, Domingo José, quien no tuvo la fuerza suficiente para dominar al secuestrado y permitió que este, con pundonor y rabia, lograra despojarlo de su arma.

Pedro Antonio Díaz, quien veía el espectáculo desde la retaguardia, desenfundó su arma y asestó un tiro (esta vez con toda la intención) en el pecho de Carlos Delgado Chalbaud. De inmediato, Díaz bajó corriendo las escaleras y le comunicó a Urbina... "Ahora sí la cagamos, mi General".

Esa, groso modo, es la historia de la muerte de Chalbaud. En otra ocasión escribiremos algunos pormenores y analizaremos por qué los dirigentes políticos tuvieron tanto miedo a la familia Chalbaud (Roman y Carlos).

@DavidEdesio
#NoSeOlvidenDeSonreír

Volviendo por mis fueros

Después de 5 años regreso a este blogger "Asuntos Internos" (que una vez utilicé para escribir décimas y poesía) para dar a conocer, desde un punto de vista muy personal, una visión de nuestra historia de Venezuela.

No esperan ver por aquí loas a personajes como Simón Bolívar, José Antonio Anzoátegui o Antonio José de Sucre, ni satanizaremos a Paéz, Boves y Monteverde, simplemente escribiremos lo que consideramos que pudo haber pasado en momentos de la historia basados en los contextos culturales, sociales, educativos y hasta psicológicos de la época.

El twitter @DavidEdesio también servirá como herramienta para conocer algunas efemérides curiosas de nuestra tierra.

Bienvenidos pues a esta casa colonial donde se fraguarán ideas libertarias, conspiraciones macabras, Edictos realistas, abyectos planes para ser parte de los Asuntos Internos de la Venezuela Histórica (o por lo menos intentarlo)

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