*** Generales,
capitanes, comandantes y hasta religiosos que participaron en la etapa de la
emancipación venezolana pertenecían a una hermandad milenaria: la masonería.
David Edesio González
@DavidEdesio
Hermandad, cofradía,
congregación, secta o como quieran llamarlo, la masonería estuvo muy presente
en el proceso independentista de las naciones americanas. Los grandes hombres, creadores
de patria, también seguían los parámetros del Gran Arquitecto del Universo.
Los ejemplos más
destacados de la presencia masónica en la América patriota son Estados Unidos y
Venezuela, cuyos próceres estuvieron bajo la influencia francesa, epicentro del
movimiento masónico del siglo XVIII y XIX.
En el país
norteamericano abundan las historias sobre la construcción de la ciudad de
Washington DC bajo preceptos masónicos y la presencia de símbolos de esta
cofradía en el billete de un dólar como “el ojo que todo lo ve” sobre la
pirámide en el reverso del papel moneda junto a la frase “Nuevo Orden Secular”.
En Venezuela, estas
historias no son tan evidentes, sin embargo, la cantidad de masones presentes
en el movimiento independentista criollo es tan importante como en Estados
Unidos.
Pero hubo un grupo
significativo de estos “hermanos” que dejaron a un lado las armas, necesarias
para la vencer en las batallas, para dedicarse a pensar en un fin mayor: La
Patria. Esos hombres fueron los verdaderos próceres de nuestra independencia. Los
masones “intelectuales” de la emancipación venezolana.
Dentro de esta
categorización encontraremos algunos combatientes, escritores, pensadores,
poetas y hasta clérigos.
La lista de próceres
que obraron la libertad venezolana desde el piso blanco y negro de las logias
masónicas incluye a hombres como Francisco de Miranda, José María España, Pedro
Gual, el sacerdote José Cortés de Madariaga, Juan Germán Roscio, José María
Vargas y Diego Bautista Urbaneja.
Gual y España se dieron
a conocer en la historia venezolana por una conspiración (lastimosamente fallida)
para derrotar al gobierno español que dominaba en el país, y aunque no se
conoce a cuál logia masónica pertenecieron, ellos mismos reconocieron en su
momento la práctica de rituales masónicos.
Francisco de Miranda se
conoció como el gran padre de la masonería en América Latina. Se inició en el
ritual escocés en Filadelfia (Estados Unidos) y luego pasó por varias logias en
Francia, España y posteriormente Venezuela.
José Cortés de
Madariaga, el famoso cura de activa participación en el referéndum del 19 de
abril de 1810, chileno de nacimiento y venezolano de corazón, también es
reconocido en la página de la Gran Logia Unida de Venezuela como parte de su
cofradía.
Juan Germán Roscio fue
alumno masónico de Madariaga y Miranda y uno de los pocos próceres venezolanos
que se iniciaron en logias caraqueñas, ya que la mayoría de los estudiosos del
Gran Arquitecto comenzaron sus andanzas en esta sociedad “secreta” en Estados
Unidos o Europa.
José María Vargas fue
el “venezolano ejemplar”, médico, filósofo, teósofo, políglota. Llegó a ser
Presidente de la Republica y se caracterizó por ser un ferviente servidor de la
patria. El Congreso Nacional le dio el título de Magnánimo. Uno de los masones
más ejemplares de la historia criolla.
Diego Bautista
Urbaneja, el último de nuestra lista de intelectuales masónicos que
participaron en la independencia venezolana, fue tal vez el prócer más activo
en lo que a masonería se refiere. Logró un alto grado dentro de la cofradía
filosófica y fue fundador de la Gran Logia de Caracas y de Colombia.
Estos hombres, fueron
las mentes maestras detrás de aquella revolución que llevó a Venezuela a su
ansiada libertad. Hombres que no reciben el tratamiento que merecen en nuestros
libros de historia, en los que predominan los nombres de Simón Bolívar, Antonio
José de Sucre y José Antonio Páez.

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