martes, 13 de noviembre de 2012

El Magnicidio de Chalbaud

Una fecha muy propicia para regresar al mundo de la historia de Venezuela es este 13 de noviembre, fecha en la que un grupo de "descamisados" secuestró y mató al Presidente Carlos Delgado Chalbaud. 


"Ahora sí la cagamos, mi General"... Lapidaria la frase que soltó, aún sobresaltado, Pedro Antonio Díaz.
Esa noche de su revólver habían salido sólo dos de los nueve proyectiles que ocupaban las rendijas del tambor de su calibre 38. Una de las balas, por error fue a parar al tobillo de su "jefe" el General Rafael Simón Urbina, hiriéndolo sin gravedad aparente. El otro proyectil impactó el pecho de nada más y nada menos que Carlos Delgado Chalbaud, presidente de la Junta Militar de Gobierno y por ende, máxima autoridad política de la Venezuela de 1950.

En la mañana del 13 de noviembre, Delgado pone rumbo a su despacho en Miraflores escoltado sólo por la "mosca presidencial" (un motorizado) cuando es interceptado por un vehículo del que bajan 5 hombres. Una de las caras es harta reconocida por el Presidente, se trata del General Rafael Simón Urbina, a quien el mismo Delgado Chalbaud había permitido regresar al país después de haber sido exiliado por Rómulo Gallegos y los adecos.

- "Considérese muerto Delgado... Ya usted no será más Presidente... todo lo que tenga que decir dígaselo al General Marcos Pérez Jiménez" le sóltó Urbina al secuestrado, quien no dudó en responderle

- "Usted se la da de valiente, Urbina, pero no tiene cojones para entenderse hombre a hombre conmigo... ¡Cobarde!".

Realmente, Rafael Simón no tuvo bolas para entenderse con Delgado, sobre todo porque sabía que si forcejeaba con el Presidente, alguien iba a morir y la idea no era matar a Delgado, sino secuestrarlo para dejar un vacío en el poder para que Marcos Pérez Jiménez, autor intelectual de todo este zafarrancho, pudiese tomar la presidencia.

Cuando llevan a Delgado al sitio donde lo van a mantener recluido, los hombres bajan del carro y suena un disparo. El blanco del impacto fue el tobillo de Rafael Simón Urbina, quien preocupado y dolorido veía como humeaba el revólver de uno de sus hombres, Pedro Antonio Díaz, a quien se le había escapado un tiro.

Urbina, quejumbroso se dejó caer en las escaleras y ordenó a su comitiva a que se llevara a Delgado al sitio de reclusión. El Presidente era escoltado entonces por el hermano de Rafael Simón, Domingo José, quien no tuvo la fuerza suficiente para dominar al secuestrado y permitió que este, con pundonor y rabia, lograra despojarlo de su arma.

Pedro Antonio Díaz, quien veía el espectáculo desde la retaguardia, desenfundó su arma y asestó un tiro (esta vez con toda la intención) en el pecho de Carlos Delgado Chalbaud. De inmediato, Díaz bajó corriendo las escaleras y le comunicó a Urbina... "Ahora sí la cagamos, mi General".

Esa, groso modo, es la historia de la muerte de Chalbaud. En otra ocasión escribiremos algunos pormenores y analizaremos por qué los dirigentes políticos tuvieron tanto miedo a la familia Chalbaud (Roman y Carlos).

@DavidEdesio
#NoSeOlvidenDeSonreír

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