*** En una
conversación con mis alumnos de Técnicas Gráficas 3 surgió el tema de la
Historia de Venezuela y de Luisa Cáceres de Arismendi, por lo que me robé unos
minutos de la clase para contarles sobre una batalla muy particular que se
llevó a cabo en tierras margariteñas.
David Edesio González
@DavidEdesio
“Si no tengo
patria para qué quiero esposa” frase que
inmortalizó a Juan Bautista Arismendi, el general que defendió con su vida la
Isla Margarita, el principal puente de entrada de los españoles a Venezuela.
En 1815, un año “tranquilo” en la historia
bélica de la independencia venezolana, el general español Pablo Morillo invadió
a Venezuela (entrando por Margarita) con 15 mil hombres. 13 mil siguieron hacia tierra firme y el
resto permaneció en la “Perla del Caribe” con el fin de exterminar las últimas
fuerzas patriotas, comandadas por Arismendi.
El ejército
margariteño no estaba instruido militarmente para combatir a los soldados
españoles. Quinientos hombres, en su mayoría pescadores, eran la única defensa
de Margarita, pero esos 500 de Nueva Esparta son la versión criolla de los 300
de Esparta comandados por el feroz Leónidas.
Pablo Morillo “el pacificador”
desembarcó en Margarita con la intención de reducir las fuerzas patriotas, pero
lo que se encontró fue sorprendente. Juan Bautista Arismendi, un fervoroso
defensor de la patria se arrodilló a sus pies y le juró que tanto él como sus
hombres servirían a la corona española, pero que les perdonara la vida a ellos
y a los habitantes de Margarita.
Morillo aceptó la
oferta del general Arismendi, pero no se dio cuenta que al patriota no le
importaba menoscabar su propio honor por un fin último: La Patria.
La “sumisión” de
Arismendi fue una estratagema para, silenciosamente, atacar a los 2mil soldados
realistas y diezmar sus tropas antes de un combate a campo abierto, donde la
derrota era segura.
La estrategia
funcionó. Los realistas fueron cayendo uno a uno hasta verse reducidos hasta la
mitad, mientras que los 500 de Nueva Esparta tuvieron muy pocas pérdidas
humanas.
Morillo no pasó por
alto esta estrategia y en una carta dirigida a las tropas de tierra firme
describió lo sucedido:
“Pasaban de 500
rebeldes de la canalla más atroz y desalmada de la isla, los que defendían,
hombres feroces y crueles, famosos y nombrados entre los piratas de las
flecheras, el terror de las costas de Venezuela, y facinerosos, que cada uno
contaba muchos asesinatos y estaba acostumbrado a mirar la vida y la existencia
con mayor desprecio. Estos malvados llenos de rabia y de orgullo, con su primer
ventaja en la defensa, parecía cada uno de ellos un tigre, y se presentaban al
fuego y las bayonetas con una animosidad de que no hay ejemplo en las mejores
tropas del mundo”
Al final, esos 500
de Nueva Esparta en la batalla de Juangriego el 17 de agosto de 1815, se
convirtieron en sólo 50 y fueron derrotados en la Laguna de los Mártires por
las fuerzas realistas, así como los 300 de Esparta perecieron en Las Termopilas bajo el yugo del imperio persa, batallando ferozmente por un fin supremo: La Patria.
La batalla de
Juangriego fue una de las más disparejas en la historia de nuestro país, pero
la leyenda cuenta que nunca los españoles estuvieron tan atemorizados como
aquella vez en la que los espartanos criollos salieron al campo de batalla a
defender a su “Perla del Caribe Mar”.

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