martes, 20 de noviembre de 2012

Los 500 de Nueva Esparta


*** En una conversación con mis alumnos de Técnicas Gráficas 3 surgió el tema de la Historia de Venezuela y de Luisa Cáceres de Arismendi, por lo que me robé unos minutos de la clase para contarles sobre una batalla muy particular que se llevó a cabo en tierras margariteñas.

David Edesio González
@DavidEdesio


“Si no tengo patria para qué quiero esposa”  frase que inmortalizó a Juan Bautista Arismendi, el general que defendió con su vida la Isla Margarita, el principal puente de entrada de los españoles a Venezuela.

 En 1815, un año “tranquilo” en la historia bélica de la independencia venezolana, el general español Pablo Morillo invadió a Venezuela (entrando por Margarita) con 15 mil hombres.  13 mil siguieron hacia tierra firme y el resto permaneció en la “Perla del Caribe” con el fin de exterminar las últimas fuerzas patriotas, comandadas por Arismendi.

El ejército margariteño no estaba instruido militarmente para combatir a los soldados españoles. Quinientos hombres, en su mayoría pescadores, eran la única defensa de Margarita, pero esos 500 de Nueva Esparta son la versión criolla de los 300 de Esparta comandados por el feroz Leónidas.

Pablo Morillo “el pacificador” desembarcó en Margarita con la intención de reducir las fuerzas patriotas, pero lo que se encontró fue sorprendente. Juan Bautista Arismendi, un fervoroso defensor de la patria se arrodilló a sus pies y le juró que tanto él como sus hombres servirían a la corona española, pero que les perdonara la vida a ellos y a los habitantes de Margarita.

Morillo aceptó la oferta del general Arismendi, pero no se dio cuenta que al patriota no le importaba menoscabar su propio honor por un fin último: La Patria.

La “sumisión” de Arismendi fue una estratagema para, silenciosamente, atacar a los 2mil soldados realistas y diezmar sus tropas antes de un combate a campo abierto, donde la derrota era segura.

La estrategia funcionó. Los realistas fueron cayendo uno a uno hasta verse reducidos hasta la mitad, mientras que los 500 de Nueva Esparta tuvieron muy pocas pérdidas humanas.

Morillo no pasó por alto esta estrategia y en una carta dirigida a las tropas de tierra firme describió lo sucedido:

“Pasaban de 500 rebeldes de la canalla más atroz y desalmada de la isla, los que defendían, hombres feroces y crueles, famosos y nombrados entre los piratas de las flecheras, el terror de las costas de Venezuela, y facinerosos, que cada uno contaba muchos asesinatos y estaba acostumbrado a mirar la vida y la existencia con mayor desprecio. Estos malvados llenos de rabia y de orgullo, con su primer ventaja en la defensa, parecía cada uno de ellos un tigre, y se presentaban al fuego y las bayonetas con una animosidad de que no hay ejemplo en las mejores tropas del mundo”

Al final, esos 500 de Nueva Esparta en la batalla de Juangriego el 17 de agosto de 1815, se convirtieron en sólo 50 y fueron derrotados en la Laguna de los Mártires por las fuerzas realistas, así como los 300 de Esparta perecieron en Las Termopilas bajo el yugo del imperio persa, batallando ferozmente por un fin supremo: La Patria.

La batalla de Juangriego fue una de las más disparejas en la historia de nuestro país, pero la leyenda cuenta que nunca los españoles estuvieron tan atemorizados como aquella vez en la que los espartanos criollos salieron al campo de batalla a defender a su “Perla del Caribe Mar”.




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